aceptar la muerte para valorar la vida

Aceptar la muerte para celebrar la vida

Tal como comenté la semana pasada, a raíz del día de difuntos he estado reflexionando sobre nuestra relación con la muerte. Con nuestra propia muerte.

Escuché hace poco una entrevista a Chavela Vargas en la que decía que la muerte debería ser una celebración de la vida, me gustó mucho esa imagen.

Todos moriremos algún día, es inevitable, y sin embargo muchas veces no somos conscientes de nuestra propia trascendentalidad. Creo que el mero hecho de serlo de vez en cuando nos haría disfrutar más de la vida.

Cuando un ser querido nos deja, pasamos por un proceso de duelo. El modelo de la psiquiatra Kübler Ross describe cinco fases en el proceso de duelo: la negación, la ira, negociación, tristeza y aceptación. Este proceso se da también en otro tipo de pérdidas (laborales, rupturas sentimentales, etc.)

Me da la sensación de que muchas veces en nuestra sociedad europea nuestra relación con la muerte está siempre en fase de negación: se oculta, no se habla del tema, nos incomoda, preferimos no pensar en ello…  Sin embargo ¡qué importante es ser conscientes de nuestra propia muerte! Aceptarla, normalizarla, vivirla sin angustia: porque no se trata de temer a la muerte, sino de disfrutar de la vida.

Es lógico no querer morir antes de tiempo, el miedo al dolor o a la enfermedad, pero debemos aceptar que algún día moriremos y ser conscientes de ello, verlo como natural, y que esto nos sirva para apreciar más la vida.

 

Mucha gente pierde el tiempo o lo malgasta como si tuviese tiempo infinito, postergamos temas que consideramos importantes a “mañana” como si fuéramos a vivir para siempre, no cuidamos de nuestra salud, de nuestros afectos, ni de nuestras emociones, hasta que nos arrepentimos de no haberlo hecho antes cuando ya no queda tiempo, o nos acordamos cuando algo malo sucede.

 

Partir de la aceptación de nuestra propia muerte y la de los demás nos predispone a vivir en consecuencia: a priorizar lo importante y darle peso a lo que realmente merece la pena, a disfrutar de la vida y del tiempo con la gente a la que queremos. La muerte es el final de la vida: y lo importante es que esa vida haya merecido la pena.

 

En otro artículo os hablé sobre una entrevista que había leído a una enfermera que trabajaba con enfermos terminales: la enfermera comentaba que las personas que estaban a punto de morir de lo que más se arrepentían eran cosas como: no haber hecho lo que realmente deseaban (sino lo que los demás esperaban de ellos), haber priorizado el trabajo y lo material frente al tiempo con familia y amigos, no haber expresado sus emociones, no haber disfrutado lo suficiente y sentir que habían malgastado su tiempo, haberse preocupado por cosas sin importancia y no haberse permitido disfrutar del momento.

 

Evidentemente morir antes de tiempo es una gran fatalidad. Las fatalidades no podemos preverlas ni controlarlas, sino aceptarlas. No se trata de angustiarse por saber que moriremos, se trata de que esta consciencia nos haga aprovechar mejor del tiempo que tenemos.

 

Hay un ejercicio de visualización que a veces utilizo en las sesiones de terapia, se trata justamente de ser conscientes de que nuestro tiempo es limitado y reflexionar sobre cómo queremos vivirlo, nos ayuda a reordenar nuestras prioridades, y a reflexionar sobre nuestras prioridades.

 

El ejercicio de llama “El funeral” y quiero compartirlo con vosotros, para reflexionar sobre nuestra vida y enfocarnos en celebrarla cada día que nos quede:

 

El Funeral:

 

Imagina que estás asistiendo a un funeral. Es una bonita capilla. Mientras caminas por el pasillo central, te fijas en las flores, la suave música del órgano… Hay rostros de amigos y parientes.

Cuando llega el ataúd, y miras dentro, te plantas cara a cara contigo. Es tu funeral.
Tomas asiento.
Hay cuatro personas que van a expresar sentimientos de amor y aprecio por ti para rendirte homenaje: un familiar, un amigo, un compañero de trabajo y alguien de tu entorno, por ejemplo un vecino.
 
Ahora, imagina con detalle:

  • ¿Qué te gustaría que cada uno de los oradores dijera de ti y tu vida?
  •  ¿Qué tipo de persona, de padre (o madre), de hermano te gustaría que reflejarán?
  • ¿Qué clase de amigo? ¿Qué carácter te hubiera gustado que hubieran visto en ti?
  • ¿Cómo te gustaría haber influido en sus vidas? ¿Cómo te gustaría que te recordasen?
  • ¿Estas contento con la vida que llevaste hasta el día de hoy?
  • ¿Qué puedes hacer en tu día a día  para vivir de forma plena los próximos años?

Cuando alguien nos deja, seguirá vivo en nuestro recuerdo. ¿Qué recuerdos os gustaría dejar en los demás? Esto es lo que debería guiar nuestro día a día: dejar la mejor huella posible en este mundo y aprovechar nuestros días, saborearlos y celebrarlos . ¿no os parece?

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Paola

Psicóloga y Psicoterapeuta.
Directora de Psicología Estratégica