El Juego del odio: dañar a quien te daña

imageHoy tenía previsto un artículo diferente. 

Pero las noticias con las que me desperté ayer por la mañana (los atentados en París) me han hecho cambiar de tema: hoy quiero hablar sobre la resilencia y sobre el desarrollo moral del individuo.

 

Si buscáis la definición de resilencia encontraréis que se refiere a  la capacidad de los seres vivos para sobreponerse a períodos de dolor emocional y situaciones adversas.

 

Cuando un sujeto o grupo es capaz de hacerlo, se dice que tiene una resiliencia adecuada, y puede sobreponerse a contratiempos o incluso resultar fortalecido por estos. “Lo que no te mata te hace más fuerte” dice el dicho.

 

La resilencia es una capacidad que podemos aprender, está muy relacionada con mantener un buen equilibrio emocional: no derrumbarnos ante la adversidad, sino enfrentarnos a ella, asumirla, y seguir adelante… aunque el proceso duela, y claro que duele, ser capaces de afrontar, procesar, y pasar de forma consciente por este dolor, superarlo y salir fortalecidos. Quedarán cicatrices que formarán parte de nuestra historia, pero la herida habrá sanado.

 

Hoy más que nunca necesitamos de nuestra capacidad de resilencia para afrontar sucesos terribles como los atentados de París este viernes.  

Entiendo la rabia, la indignación y el miedo…  hemos de pasar por el proceso de duelo.

 

Pero no estoy de acuerdo con atacar el odio con más odio: así solamente se alimenta el problema, se hace más grande: guerra, rencor, “ojo por ojo”, etc.  El amor alimenta al amor. El odio alimenta al odio.

 

En Europa estos atentados nos han tocado emocionalmente por la cercanía, pero no olvidemos que cada día vemos en las noticias masacres similares en otros sitios no tan cercanos, pero cuando nos toca cerca es cuando somos más conscientes del problema.

 

Cuando nos atacan directamente la reacción natural es la de defendernos, el contraataque o la huida. ¿Pero realmente es necesario contraatacar en éste tipo de situaciones atacando a quien nos ataca? ¿Qué ganamos con ello? En el caso del terrorismo fundamentalista, ellos esperan que juguemos a ese juego: que entremos en la provocación, que bajemos a su nivel jugando al juego del odio.

 

No me malinterpretéis: es necesario perseguir a los culpables, a los autores materiales y la red que los soporta y aplicar la ley. Que las consecuencias sean legales, dentro de un estado de derecho: se les persiga y se les juzgue.

Pero un ataque no justifica otro ataque, generar una guerra, fomentar el odio alimentando la desconfianza.

 

Cuando nos hacen daño podemos cometer el error de generalizar a nuestro “enemigo” (por ejemplo ante un desengaño amoroso caer en el “todos los hombres son iguales” y desconfiar de todos los hombres.) En este caso se genera desconfianza hacia la comunidad islámica, una desconfianza injusta, pues estamos generalizando. No creo que la religión tenga que ver con esto, aunque la utilicen como bandera. Se trata de fundamentalismo y extremismo, de una red de crimen organizado que utiliza una visión distorsionada de la religión islámica para lavar el cerebro de jóvenes a los que convierten en carne de cañón por “la causa”.  Mientras tanto otros se lucran de estas muertes. Es mi forma de verlo.

¿Qué podemos hacer? Como siempre digo todo es cuestión de equilibrio: cuando estamos ansiosos lo afrontamos entrenando nuestra capacidad de relajarnos por ejemplo. El odio, el fundamentalismo, la segregación, la ignorancia, se han de “atacar” con sus contrarios: fomentando el amor, la empatía, la  integración, y sobre todo la educación.

 

A una persona que ha desarrollado de forma intrínseca sus valores morales, (recordemos la pirámide de Maslow de desarrollo personal), es muy difícil  “lavarle el cerebro”.

 

Porque una persona con un buen desarrollo moral no actúa para ser aceptado por otros, o por lo que se espera de él, o por acatar las reglas externas o los mandamientos: actúa por sus propios valores, valores que han asumido, por el convencimiento interno de lo que está bien y lo que está mal, convencimiento al que hemos llegado por un proceso interno de desarrollo moral, que es el pilar de nuestra integridad personal.

 

Ser bueno “para no ir al infierno” o "para ir al cielo" es quedarnos en la superficie de la moralidad. Es un estadio prácticamente infantil del desarrollo moral., hemos de desarrollarnos, cuestionarnos las cosas, madurar moralmente y actuar en base a lo que creemos desde dentro, de dentro hacia fuera y no al contrario.

 

Si investigáramos un poco en la vida de los que se han convertido en terroristas estoy segura de que encontraremos jóvenes inseguros que buscaban la aceptación de un grupo, la seguridad de ésta sensación de pertenencia, el sentirse útiles, una causa por la que vivir (y morir). Probablemente hasta sentiríamos pena por ellos, han sido manipulados y engañados. La culpa final es de quienes les han lavado el cerebro con ideas fundamentalistas irracionales, de quienes les han inoculado el odio. Porque alimentar el odio dañando a quien nos daña es un bucle sin fin hacia la autodestrucción, no me cansaré de decirlo.

 

No estoy diciendo que “ames” a  quien te hace daño, estoy diciendo que asumas ese dolor y no entres en el juego de hacer daño a quien te daña. Si una persona te grita y tú le respondes gritando a su vez generamos lo que se llama “escalada de violencia” y perdemos el control. Hay que volver al diálogo, definir bien el problema y buscar soluciones desde la comunicación.

 ¿Habéis visto la película “El Odio” (La Haine)? Os la recomiendo.

 

Enseñar a nuestros jóvenes valores morales, respeto por el otro, a pensar de forma independiente, darles una buena educación emocional es fundamental. Que consigan llegar a la cima de la pirámide de Maslow.  Yo creo que ésta debería ser nuestra forma de enfrentarnos a hechos como el del viernes: creando una sociedad diferente. Una sociedad de personas íntegras moralmente, equilibradas emocionalmente, y con una alta capacidad de resilencia. Haciendo ver lo irracional de los pensamientos extremos, buscando el diálogo, soluciones. Creo que trabajar desde el diálogo y la educación es fundamental.

 

Naturalmente este camino que sugiero es el más complicado y requiere mucho tiempo y esfuerzo. Seguro que algunos tacharéis mi idea de utópica. Pero como decía Lennon: “You may say I'm a dreamer, But I'm not the only one.”

 

Lamentablemente para los gobiernos mandar aviones a bombardear asentamientos del Estado Islámico es el camino más fácil. Pero alimentar la violencia con violencia ya sabemos a dónde lleva…

 

Evidentemente todas estas reflexiones son sobre mi opinión personal, pretendiendo no ofender a nadie, y desde mis propias ideas morales.  

 

¿Vosotros qué opináis?

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Paola

Psicóloga y Psicoterapeuta.
Directora de Psicología Estratégica