fisiología del miedo

¿Te gustan las películas de terror?

Hoy con todo esto de la festividad de Halloween, el día de los difuntos, o día de muertos, dependiendo del lugar, he estado gostpensando en nuestra relación con el miedo.

En concreto con lo que denominamos "susto" y el asustarnos. 

¿Por qué a algunas personas les gustan las películas de terror a pesar de pasarlo mal viéndolas?

Fisiológicamente el miedo es adaptativo: nos ayuda a prevenir peligros y prepara a nuestro cuerpo para la reacción o la huida.

 

Se encuentra en una parte "primitiva" de nuestro cerebro, el sistema límbico, el cual procesa las emociones básicas (ira, alegría, tristeza y miedo.)

 

Cuando nos asustamos esto produce cambios fisiológicos inmediatos en nuestro cuerpo: aumenta el metabolismo, sube la presión arterial, la glucosa en sangre y la capacidad de coagulación sanguínea, la sangre fluye a los músculos  (especialmente a las extremidades inferiores, en preparación para la huida), el corazón bombea sangre a gran velocidad para llevar hormonas a las células (especialmente adrenalina). También se producen modificaciones faciales: apertura de los ojos para mejorar la visión, dilatación de las pupilas para facilitar la admisión de luz, y nuestros músculos faciales se contraen provocando la típica “cara de miedo”.

 

Cuando tenemos un "susto" el córtex frontal se desactiva parcialmente: quitándonos literalmente el control y poniéndonos en "modo alerta", pues esta zona es la encargada de la atención consciente, y de poder dirigir conscientemente la atención de una cosa a otra, al quedar desactivada parcialmente nuestra atención queda entonces fijada en aquello que nos asusta.

Este mismo "mecanismo del susto" es el que actúa también en los ataques de pánico y en las fobias.

En el caso de las fobias queda la reacción de miedo fijada en el objeto que nos asusta, reaccionando con pánico ante éstos estímulos. Cuesta trabajo racionalizar, calmarse, y volver a tomar el control de la situación relajándonos.

Las fobias son reacciones condicionadas que nuestro cuerpo ha aprendido, y se pueden incluso inducir, como quedó demostrado en el caso de pequeño Albert  en el que el psicólogo Watson demostró el condicionamiento clásico de una forma que hoy día sería moralmente cuestionable: asustó al pequeño Albert (de 11 meses de edad) con un fuerte ruido cada vez que el niño veía a un bonito conejo blanco, finalmente sólo la presencia del conejo (sin el ruido) provocaba llanto y miedo en el niño, incluso llegó a generalizar éste miedo a objetos similares como peluches, barbas, o pompones blancos.. Pobre Albert, le crearon una fobia en pos de la ciencia.

 

La buena noticia es que podemos revertir el proceso entrenando: es en lo que se basan las técnicas psicológicas de desensibilización sistemática con las que se suelen tratar las fobias. Se trata de ir exponiéndose paulatina y gradualmente a  lo temido mientras se practican técnicas de relajación para contrarrestar los síntomas de ansiedad. (Lamentablemente con el pequeño Albert no se llegó a ello, pues la segunda parte del experimento enfocada en revertir el proceso nunca se llevó a cabo.) 

 

En los ataques de pánico la reacción no se da ante un estímulo concreto, sino que aparece de repente esta sensación de terror. Suelen suceder en personas que han ido acumulando estrés emocional durante un tiempo. En este caso, además de medicación de ser necesario (por ejemplo en casos muy severos.), se trabaja el "distraer" a la ansiedad, potenciar la capacidad de relajación y la gestión emocional.

 

Una cosa que me llama la atención es cómo a algunos nos gusta conscientemente pasar miedo en situaciones controladas, como en el cine, jugando determinados videojuegos, etc.

Personalmente, por ejemplo, lo paso muy mal viendo películas de terror (sí, soy de las que se tapan los ojos con las manos dejando un huequito para ver..) y sin embargo me gusta verlas, ¿por qué? si en realidad lo paso mal, es paradójico: creo que tiene que ver con la subida de adrenalina que nos provoca el susto, ese pico producido por las emociones intensas, y creo que el saber de antemano que el peligro no es real y que estamos en una "atmósfera controlada" ayuda claro a que sea algo percibido como "lúdico" (montañas rusas, paracaidismo, hacer puenting, etc. ) 

 

No obstante, hay muchas diferencias individuales: gente que no disfruta en absoluto con éste tipo de cosas y las evita, gente que lo disfruta hasta un cierto punto, y  "adictos a las emociones fuertes". Pero ojo, porque jugar con las emociones intensas puede ser perjudicial: sobre todo si tenemos problemas cardíacos.

 

Estas diferencias individuales implican evidentemente diferentes tipos de personalidad, por lo que nuestra personalidad juega un rol importante en el hecho que nos gusten o no las emociones fuertes. De hecho Eysenck, un reputado experto del campo de la personalidad, relacionó ésta variable con la extroversión, y otro psicólogo importante en el campo, Zuckerman, definió incluso un tipo de personalidad específica basado en la "Búsqueda de sensaciones".

Así que, en el hecho de que disfrutemos o no con las películas de terror están implicados tanto factores fisiológicos como psicológicos. 

¿Tú eres Buscador de Sensaciones o te va más la tranquilidad? 

Recordad que como todo en la vida lo fundamental es el equilibrio, tender a una cosa u otra pero no situarse en los extremos. Un "buscador de sensaciones" extremo será temerario, poniéndose incluso en riesgo a él y a los demás de forma innecesaria (un conductor temerario por ejemplo).

Que haya un equilibrio sano es fundamental, los extremos no son buenos. Siempre repito la cantinela del equilibrio, lo sé, jeje.

 

Otra cosa a la que le estado dando vueltas en estos días es a nuestra relación con la muerte... pero ésto ya será otro artículo. 😉

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Paola

Psicóloga y Psicoterapeuta.
Directora de Psicología Estratégica